El feminismo anti-porno, la Guerra del Sexo y el nacimiento del feminismo sexo-positivo

Un hecho fundamental de la historia del feminismo que creó una división que persiste hasta hoy en día.


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BDSM lesbiano. Wikimedia Commons.

Es un tema complicado, con numerosas ramificaciones. Pero, sin conocerlo es muy difícil comprender al feminismo de hoy en día y participar en algunos de sus debates más intensos.


Voy a contaros la historia del feminismo anti-porno (hoy llamado feminismo radical) y la Guerra del Sexo que tuvo lugar dentro del feminismo en reacción a él, un proceso en el que nació el feminismo sexo-positivo, que representa una parte considerable del feminismo de hoy en día.


El feminismo anti-porno

El feminismo anti-porno fue una corriente radical dentro del feminismo que estuvo en auge en los años 70. Se caracteriza principalmente por su oposición a la pornografía, al sadomasoquismo y a la prostitución.


Sus exponentes más famosas fueron Andrea Dworkin y Catharine MacKinnon, aunque hay muchas otras. Tanto Dworkin como MacKinnon fueron profesoras de universidad, cuyo pensamiento se integra en gran medida en la corriente post-modernista. Quizás por esta razón el feminismo anti-porno tuvo una gran aceptación en las universidades americanas, en las que todavía sigue atrincherado.


Pornografía

En lo que respecta a la pornografía, el feminismo anti-porno lo condena sin paliativos, alegando que sólo sirve para el placer de los hombres y supone una explotación de las mujeres, que son obligadas a convertirse en objetos del placer masculino.


Para estas feministas, la actriz porno es una mujer explotada, llevada a hacer este tipo de trabajo por las circunstancias sociales que empobrecen a la mujer. Defienden que la sexualidad de la mujer es tal que, si realmente pudieran elegir, las mujeres nunca expondrían su cuerpo para el placer de otras personas. Por supuesto que en las películas porno también aparecen hombres, pero al feminismo anti-porno ellos no parecen preocuparle tanto.


Estos argumentos contra la pornografía han sido completamente desbancados hoy en día. En primer lugar, las mujeres han empezado a ser también consumidoras ávidas de pornografía, por lo que no es verdad que se hace exclusivamente para el placer de los hombres. En segundo lugar, hoy en día existen numerosísimos vídeos y fotos caseras hechos por mujeres que demuestran claramente que, lejos de ser una explotación de la mujer, el porno es algo en lo que participan voluntariamente, aun sin cobrar.


La mayor actividad del feminismo anti-porno fue el iniciar campañas para prohibir y castigar la pornografía, aliándose en muchos casos con la derecha más reaccionaria en pos de ese objetivo.


Sadomasoquismo

En lo que respecta al sadomasoquismo, el feminismo anti-porno lo ve como la demostración más clara de que la sexualidad masculina está cargada de violencia hacia la mujer.


Según ellas, mientras que muchos hombres optan por reprimir estos instintos, los sadomasoquistas actúan abiertamente sobre ellos, degradando, maltratando y humillando a sus “víctimas” y a todas las mujeres por extensión.


Existe, claro está, el pequeño problema de que un número considerable de hombres son masoquistas o sumisos, y una cantidad correspondiente de mujeres son sádicas o dominantes. El feminismo anti-porno quiere explicar esto diciendo que algunas mujeres desafortunadas han interiorizado la violencia sexual del macho, o reaccionan contra la violencia que ellas mismas han sufrido en el pasado, mientras que hay hombres que buscan degradarse como respuesta al sentimiento de culpa que les genera su propia violencia sexual.


El hecho de que los practicantes del BDSM rechacen de forma radical esta narrativa les tiene sin cuidado, pues obviamente son personas enfermas que necesitan tratamiento psiquiátrico.


Prostitución

La oposición del feminismo anti-porno a la prostitución perdura hasta hoy en día en el seno del feminismo. Muchas feministas en países como Francia y Suecia presionan para la criminalización de los clientes de las prostitutas, cuando no de las propias trabajadoras del sexo como ocurre en EE.UU.


Como en el caso de la pornografía, el feminismo anti-porno ve a la prostituta como una mujer explotada que nunca elegiría ese trabajo si no fuera por encontrarse en una situación de extrema pobreza o incluso de esclavitud.


Hoy en día las prostitutas se han organizado en muchos países para combatir esta actitud paternalista hacia ellas. Además, existen muchos casos de prostitutas que lo son porque les gusta ese trabajo, o incluso de estudiosas del sexo que lo hacen como manera de aprender de esa experiencia (por ejemplo, la escritora Carol Queen).


La Guerra del Sexo en el feminismo

La oposición al feminismo anti-porno comenzó al final de los años 70 y principios de los 80 en la costa oeste de los EE.UU. La periodista feminista Ellen Willis fue una de las primeras en denunciar al feminismo anti-porno por su puritanismo, su autoritarismo y el ser una amenaza a la libre expresión. A pesar de que la controversia se extendió rápidamente dentro del feminismo, el feminismo anti-porno cosechó su victoria más importante en octubre de 1980, cuando la National Organization for Women (NOW, la organización feminista más importante de EE.UU.) adoptó su ideología al declararse en contra de los “Big Four” (los “Cuatro Grandes”): la pedofilia, la pornografía, el sadomasoquismo y el sexo en público, por ser actos de explotación, violencia e invasión de la privacidad.


Society of Janus en Folsom Street Fair,
Society of Janus en Folsom Street Fair, un festival BDSM en San Francisco. Wikimedia Commons.

Pero la respuesta no se hizo esperar, pues en esa época ya existían las primeras organizaciones sadomasoquistas americanas. The Eulenspiegel Society de Nueva York apareció en 1971 y la Society of Janus de San Francisco en 1974. Samois era un grupo BDSM lesbiano que se escindió de la Society of Janus y que incluía a la famosa escritora Pat Califia (hoy el hombre trans Patrick Califia). Su nombre se basa en uno de las mansiones mencionadas en la novela Historia de O. Samois se vio atacado por un grupo de feminismo anti-porno también de San Francisco “Women Against Violence in Pornography and Media” (WAVPM), que llegó a organizar piquetes contra Samois. Las lesbianas de Samois no se dejaron arredrar e iniciaron las primeras batallas de la Guerra del Sexo.


La Guerra del Sexo (información más completa en Wikipedia en inglés) fue una larga lucha que duraría la década de los 80 y que aún perdura hoy en día. Aunque las feministas anti-porno gozaban de la considerable ventaja del respaldo oficial de la NOW y del apoyo de los departamentos de estudios feministas de muchas universidades americanas, las feministas pro-sexo contaban con sus propias ventajas, que a la larga fueron decisivas en su victoria en esta guerra dialéctica. Una de las más importantes es que, mientras las feministas pro-sexo como Carol Queen, Susie Bright y Pat Califia escribían libros simpáticos, populares, llenos de anécdotas sexy, las del feminismo anti-porno sacaban tochos académicos escritos en un lenguaje postmodernista más oscuro que la noche.


El feminismo anti-porno odia al hombre y rechaza al sexo

Pero lo peor del feminismo anti-porno es que, debajo de esa pátina puritana, se escondían cosas aún peores.


Por ejemplo, su oposición a la pornografía se basaba tanto en que explotaba a la mujer como en que le proporcionaba placer al hombre, al que se presenta como el culpable de la opresión de la mujer. Este afán de castigar al hombre se llevó al propio acto sexual: el coito se presentó como un acto intrínsecamente degradante para la mujer, que irremediablemente expresaba su sumisión al hombre. Se pasó del extremo de considerar el placer vaginal como el único lícito (una opinión propugnada por Sigmund Freud) a convertir al clítoris en el único vehículo políticamente correcto del placer femenino. Las mujeres que gozaban follando debían ser reeducadas en tipos de sexualidad que no complacieran al deseo masculino.


Siguiendo esa trayectoria, se llegó a decir aquello de que “toda penetración es violación”, una frase que se atribuye a Andrea Dworkin, aunque luego se ha debatido si en realidad fue eso lo que escribió o no. Porque ella escribía en un lenguaje postmodernista tan confuso que es imposible saber a ciencia cierta lo que quería decir. Lo que sí es cierto es que muchas feministas adeptas al feminismo anti-porno adoptaron esta frase como bandera en su lucha contra lo que, según ellas, es la sexualidad intrínsecamente violenta del macho.


Impacto del feminismo anti-porno en el movimiento feminista

No es de extrañar que toda una nueva generación de mujeres abandonaran el feminismo anti-porno en masa. Muchas, creyendo que se les prohibía amar a los hombres y gozar de su sexualidad a su manera, acabaron por abandonar todo tipo de feminismo.


A causa de esta doble faceta de odio al hombre y rechazo del sexo, el feminismo anti-porno le ha hecho mucho daño al feminismo, creando hostilidad hacia él en la sociedad y dándole munición al patriarcado para atacarlo de forma muy eficaz.


En vista de eso, y de que todos los postulados del feminismo anti-porno han demostrado ser falsos, lo lógico sería que el feminismo lo denunciara sin cortapisas y se distanciara de él. Desgraciadamente, la realidad ha sido otra y el feminismo moderno mantiene una posición ambigua frente al feminismo anti-porno, con la excusa de que en el feminismo caben todo tipo de tendencias. Quizás movidas por la solidaridad de género, las feministas han optado por enterrar la Guerra del Sexo como un episodio vergonzoso de su historia, algo que sólo debe discutirse de puertas adentro.


Lo que digo aquí no debe entenderse como una crítica al feminismo. Yo me considero feminista. No me cabe la menor duda de que la mujer sigue siendo oprimida de muchas formas en nuestra sociedad, y de forma horrenda en otras culturas. La mujer gana menos que el hombre por el mismo trabajo, se le dan los trabajos menos deseados, se le cierran las puertas a posiciones de poder y prestigio, se la fuerza a ser madre cuando no quiere, y sigue siendo víctima de un número elevado de violaciones, abusos sexuales, maltrato físico y psicológico y hasta asesinatos. La mayor crítica que puede hacérsele al feminismo anti-porno es el haber abandonado estos problemas básicos que afectan a tantísimas mujeres para malgastar los réditos del feminismo en estériles luchas ideológicas.


Cómo perdura el feminismo anti-porno

Desgraciadamente, se sigue predicando en versión “light” una buena parte de la ideología del feminismo anti-porno. Así, en vez de criticar a la toda la pornografía ahora se habla de porno “machista” y porno “feminista”, cuya única diferencia parece radicar en que el primero lo hacen hombres y el segundo mujeres.


El lema incendiario “toda penetración es violación” resurge como homilías santimoniosas contra el “coitocentrismo”, de nuevo sin explicar claramente qué es y cómo debe ser evitado. ¿Es coitocentrismo cuando una mujer le hace pegging a un hombre? ¿Cuándo dos lesbianas hacen el amor con un dildo? ¿O, como en el caso de la pornografía, resulta que hay penetraciones políticamente correctas y otras que no lo son tanto?


La guerra sobre la prostitución en Europa y en España

Irónicamente, aunque el feminismo anti-porno se originó en Estados Unidos, hoy en día tiene mucha más fuerza en Europa. Ahora se le llama feminismo radical. En España, su ideología contra la pornografía y la prostitución forma parte del programa electoral del PSOE y de su gobierno de coalición con Unidas Podemos. Es por ello que el gobierno actual quiere crear una ley que ilegalice la prostitución siguiendo el modelo de Suecia y Francia. En Unidas Podemos sigue habiendo un intenso debate entre feministas radicales y feministas pro-sexo, sobre todo en los temas del trabajo sexual y la prostitución.


La Guerra del Sexo dentro del feminismo está muy lejos de terminar. Pronto cumplirá medio siglo de existencia, y parece que la cosa va para largo.

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