Poliamor, feminismo y el Mito del Noble Salvaje


Benjamin West, Death Wolfe Noble Savage
Benjamin West, Death Wolfe Noble Savage

Hace mucho, mucho tiempo, vivíamos en tribus en las que había igualdad entre hombres y mujeres, que colaboraban en la recogida y preparación de alimentos y tomaban decisiones en común. Las tribus vivían en paz unas con otras. Todo el mundo podía tener sexo con cualquier otra persona de la tribu. Los hijos se cuidaban en común y a nadie le importaba quién era el padre.


¿Pero era realmente así? O más bien…


Hace mucho, mucho tiempo, vivíamos en tribus de cazadores-recolectores en las que los hombres cazaban y las mujeres recolectaban. Como los hombres tenían armas para cazar y era más fuertes, sometían a las mujeres. De hecho, las mujeres eran consideradas propiedad y se las intercambiaban entre las tribus. El secuestro de mujeres y guerras para conseguirlas eran frecuentes. Se mantenía un cuidadoso inventario de quién era hijo de qué padre, y eso era un factor importante en el estatus social y la formación de alianzas.


A la primera idea se la ha llamado el Mito del Noble Salvaje en libros como The Blank Slate (La pizarra en blanco) y The Better Angels of Our Nature (Los mejores ángeles de nuestra naturaleza) del psicólogo Steven Pinker, y se remonta a los escritos del filósofo francés Jean-Jacques Rousseau. El primer párrafo está inspirado en el libro Sex At Dawn (Al principio era el sexo) de Christopher Ryan and Cacilda Jethá.


La idea reflejada en el segundo párrafo se llama la visión Hobbesiana, tomando el nombre del filósofo inglés Thomas Hobbes, quien escribió que “la vida en el estado natural era solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta”. Versiones más matizadas de la visión Hobbesiana se pueden encontrar en los libros de Steven Pinker citados anteriormente y también en Sapiens, del historiador israelí Yuval Noah Harari. La tesis central de Better Angels, de Pinker, es que vivimos en el periodo más pacífico de la historia de la humanidad, la culminación de un descenso gradual de la violencia desde la prehistoria hasta nuestros días. El segundo párrafo también está inspirado en las descripciones de las tribus de los Yanomamö, que viven es las regiones fronterizas entre Venezuela y Brasil, por el antropólogo Napoleon Chagnon en su libro Mi vida entre dos tribus peligrosas: los Yanomamö y los antropólogos.


El debate sobre si nuestros antepasados fueron salvajes nobles o violentos ha tenido lugar durante más de un siglo. Su importancia radica en que aborda cuestiones muy profundas sobre la naturaleza humana. Nuestra especie, el Homo sapiens, existe desde hace 250.000 años. Durante la mayor parte de ese tiempo fuimos cazadores-recolectores y vivimos en tribus. Solo durante los últimos 10.000 años (el 4% de nuestra existencia) hemos practicado la agricultura, domesticado animales y vivido en ciudades. Por lo tanto, nuestros genes fueron moldeados por la evolución durante nuestra época como cazadores-recolectores y no durante nuestra relativamente breve existencia como gente civilizada. Las respuestas a cuestiones como si los hombres tienen una tendencia natural a dominar a las mujeres, si somos naturalmente monógamos o si los celos son inevitables, deben tener esto en cuenta.


Implicaciones políticas

El que la naturaleza humana sea rousseauniana o hobbesiana tiene profundas implicaciones políticas. Los socialistas prefieren enfatizar que los seres humanos tenemos una inclinación natural hacia la cooperación, porque entonces la solidaridad entre los trabajadores, la asociación en sindicatos y la creación de un estado que refuerce la igualdad seguirían una tendencia humana natural.


Por el contrario, los capitalistas prefieren la visión hobbesiana de la naturaleza humana. porque así la búsqueda egoísta de nuestro propio interés y la competencia por los recursos naturales que forman la base de la dinámica del mercado sería solo una extensión de nuestras inclinaciones naturales. La creación de dinero, las transacciones comerciales y las leyes de la economía son formas de racionalizar lo que de otro modo sería una competencia violenta por los recursos (véase Sapiens de Harari).


Pero también es necesario señalar una cuestión política relacionada con esto: la terrible historia de violencia, robo y explotación perpetrada por los colonizadores europeos contra los pueblos indígenas de todo el mundo. Lo que demuestra que ser “civilizado” (es decir, habitante de estados industrializados) no implica ningún tipo de superioridad moral sobre ser un “salvaje” (es decir, miembro de tribus de cazadores-recolectores). Sin embargo, por importante que sea, éste no es el tema de este artículo.


¿Somos naturalmente violentos o cooperativos?

¿Quién tiene razón, Rousseau o Hobbes? Irónicamente, trabajos de investigación realizados por economistas revelaron que los seres humanos tomamos decisiones sobre el dinero no basándonos en el cálculo racional, como asume el capitalismo, sino en decisiones emocionales sobre lo que es justo. Muchos de estos experimentos utilizaron una técnica llamada juego del ultimátum. Con ella se demostró la existencia del castigo altruista, que consiste en que alguien está dispuesto castigar a una persona que actúa injustamente aún a costa de perder dinero o de invertir energía, incluso si la injusticia no afecta directamente al castigador. El castigo altruista existe en todas las comunidades humanas y está mediado por hormonas como la oxitocina y la testosterona (la tendencia al castigo altruista es más fuerte en los hombres). Esto demuestra que el castigo altruista es un fenómeno biológico y no cultural. Por lo tanto, la naturaleza humana está orientada hacia la justicia y la cooperación, lo que apoya la idea del Noble Salvaje .


Por otro lado, es verdad que los seres humanos somos muy violentos y que los que viven en sociedades tribales son más violentos que los que viven en sociedades civilizadas. Por ejemplo, Chagnon relata cómo los Yanomami viven en un constante estado de guerras entre tribus. El asesinato de hombres y el secuestro de mujeres (lo que conlleva su violación) son muy comunes. También hay violencia dentro de la tribu, a menudo debido a disputas entre hombres por la posesión de una mujer. Las mujeres son golpeadas, incluso asesinadas, por maridos celosos que sospechan que son infieles. Los hombres más poderosos pueden tener varias esposas (poligamia). Los hombres que tienen menos poder pueden compartir una mujer (poliandria) como única forma de acceder al sexo.


El biólogo Jared Diamond describe dinámicas similares en las tribus de Nueva Guinea en su libro ¿Por qué es divertido el sexo? Sin embargo, hay una salvedad: tanto los Yanomami como las tribus de Nueva Guinea estudiadas por Diamond no son cazadores-recolectores puros, sino horticultores: cazan pero también consumen frutas y verduras que cultivan en huertos cercanos a sus aldeas. Por tanto, representan un paso intermedio entre los cazadores-recolectores y la agricultura.


Porcentaje de muertes violentas en distintas culturas.
Esta figura recoge datos sobre la violencia en sociedades no-estatales (barras grises) y estatales (barras negras).

Esta figura recoge datos sobre la violencia en sociedades no-estatales (barras grises) y estatales (barras azules). Las medidas en las barras son números de muertos por 100,000 habitantes en un año. Junto a cada barra se puede leer el nombre de la tribu, su localización geográfica y el año en el que se tomó la medida. Una figura parecida, junto con las referencias que la respaldan, aparece en el libro Los mejores ángeles de nuestra naturaleza de Steven Pinker. Como se puede ver, el número de muertes violentas en sociedades no-estatales es muy superior incluso al número de muertes en Alemania y Rusia durante el siglo 20, aun cuando estos países sufrieron las dos guerras mundiales y la revolución rusa.


El nacimiento del Patriarcado

Una idea común dentro del feminismo es que el Patriarcado comenzó con la Revolución Agrícola de hace 10.000 años, porque la necesidad de defender los campos de cultivo, los animales domésticos y las reservas de alimentos llevó al desarrollo de las armas y la creación de ejércitos. Como consecuencia, las mujeres comenzaron a ser consideradas como una posesión más, como la tierra y los animales. Como ahora había tierras y animales que transmitir en herencia, se volvió importante determinar si los posibles herederos eran realmente engendrados por el dueño de esas posesiones.


Sin embargo, Chagnon documenta de forma metódica cómo los Yanomami llevan una cuenta exacta de las líneas patriarcales. ¿Quizás porque ya han sido infectados por el virus cultural del Patriarcado? ¿Sería posible que durante los últimos 10.000 años los memes de la monogamia y la posesión de mujeres han alcanzado a todos los cazadores-recolectores que quedan, pero que en la antigüedad todo era diferente?


Es difícil saber cómo vivían los seres humanos hace decenas de miles de años, ya que los restos culturales de las sociedades tribales desaparecen rápidamente. Sin embargo, muchos de los huesos humanos de antes de la Revolución Agrícola muestran a menudo signos de violencia, incluso de canibalismo. Según Steven Pinker, esto significa que los humanos primitivos guerreaban con frecuencia y eran más violentos que nosotros.


¿Existía el poliamor en la prehistoria?

El poliamor es un fenómeno cultural reciente, por lo que los antropólogos y sexólogos nunca han considerado la cuestión de si los seres humanos somos naturalmente poliamorosos. De hecho, la mayoría de los antropólogos son reacios a considerar el poliamor como una alternativa razonable. Para ellos las únicas opciones son la monogamia (un hombre casado con una mujer) y la poligamia (un hombre casado con varias mujeres), que es lo que encontramos en las culturas modernas.


Según Wikipedia, “de las 1.231 sociedades enumeradas en el Atlas Etnográfico de 1980, 186 resultaron ser monógamas; 453 tenían poligamia ocasional; 588 tenían poligamia más frecuente; y 4 tenían poliandria, […] estudios más recientes han encontrado más de 50 sociedades que practican la poliandria”.


Sin embargo, el poliamor se diferencia tanto de la poligamia como de la poliandria, porque permite cualquier combinación de géneros, incluidas las relaciones entre personas del mismo sexo.


En Al principio era el sexo, Ryan y Jethá proponen que el poliamor no es solo un fenómeno moderno, sino que era lo normal antes de la Revolución Agrícola. Según su visión, en las tribus primitivas el sexo se compartía con tanta frecuencia como la comida, incluso entre personas del mismo género. La paternidad de los hijos no era un problema porque no había propiedades que heredar y toda la tribu criaba a los hijos en común. Como los hombres no poseían mujeres, los celos, las peleas por las mujeres y el abuso de las mujeres eran innecesarios.


Esta opinión coincide con el mito del Noble Salvaje . Sin embargo, no es necesario que la violencia y la promiscuidad sexual estén relacionadas. Puede ser que las tribus primitivas fueran violentas y al mismo tiempo promiscuas, y que la monogamia solo se generalizó después de la Revolución Agrícola.


¿Hay otros indicadores sobre si somos naturalmente monógamos o promiscuos?


El comportamiento monógamo es mediado por la oxitocina y la vasopresina

Hay evidencia de que la monogamia en los mamíferos está determinada genéticamente. Por lo tanto, el que seamos monógamos o poliamorosos no es sólo un fenómeno cultural sino también biológico.


Esta evidencia se basa en trabajos de investigación sobre unos pequeños roedores llamados campañoles de pradera (prairie voles en inglés), que son monógamos: se unen de por vida y crían juntos a su prole. Sin embargo, los campañoles de montaña son promiscuos. La diferencia entre las dos especies es el número de receptores de oxitocina en sus cerebros: los campañoles de pradera tienen muchos más receptores que los campañoles de montaña. Usando técnicas transgénicas, los científicos disminuyeron la expresión de los receptores de oxitocina en los cerebros de los campañoles de pradera, y esto los convirtió en promiscuos.


Más adelante se realizaron investigaciones sobre la oxitocina y la otra hormona social, la vasopresina, tanto en animales como en humanos. Mientras que el comportamiento monógamo en las mujeres es mediado por la oxitocina, en los machos es mediado tanto por la oxitocina como por la vasopresina, que también induce territorialidad y agresión lúdica.


Por lo tanto, parece ser que el que seamos monógamos o promiscuos depende de la cantidad de receptores de oxitocina y vasopresina que tengamos ​​en el cerebro.


Chimpancés y bonobos

Otra forma de examinar la cuestión de si somos naturalmente monógamos es estudiar a nuestros primos los grandes simios: orangutanes, gorilas, chimpancés y bonobos.


Ninguna de estas especies es monógama.


Los gorilas son polígamos: un macho custodia un harén de varias hembras.


Los orangutanes son bastante raros sexualmente: los machos son solitarios y las hembras escogen aparearse con machos de una cierta edad, que desarrollan placas faciales. Sin embargo, a menudo ocurre que macho joven se aparea a la fuerza con una orangután hembra.

Los chimpancés viven en tropas que están organizadas jerárquicamente, con un macho dominante a la cabeza. Cuando una hembra alcanza el estro, el macho dominante se aparea con ella y luego permite los machos aliados con él que tengan acceso a ella (véase Chimpanzee Politics por Frans de Waal).


Los bonobos son la especie más interesante desde el punto de vista sexual. A diferencia de los chimpancés, sus tropas están gobernadas por una coalición de hembras que usan el sexo para establecer vínculos afectivos. Las bonobo hembra también tienen relaciones sexuales con los machos y no necesitan estar en celo para aparearse. El sexo es muy frecuente ente los bonobos, porque se usa para crear vínculos afectivos y disipar estrés social. Por ello, los bonobos se han convertido en un ejemplo de poliamor. Su proximidad genética a nuestra especie se ha utilizado como un poderoso argumento a favor de que los humanos seamos naturalmente poliamorosos.


De hecho, si la monogamia fuera lo natural, no nos sería tan difícil ser fieles. Por lo visto, nuestro cerebro no tiene la cantidad suficiente de receptores de oxitocina.


La monogamia y la igualdad de género son cuestiones distintas

Para algunas feministas pro-sexo, la igualdad de género, la no-monogamia y la no-violencia están intrínsecamente unidas; son la naturaleza humana a la que revertiríamos si no fuera por la represión del Patriarcado. Es la versión más moderna del Mito del Noble Salvaje.


Es una visión seductora, sin lugar a dudas. Según ella, cuando se comparte sexo entre varias personas y no hay celos, se vuelve innecesario el usar la violencia para controlar a las mujeres y mantener a otros alejados de “nuestra pareja”. Además, cuando un grupo de personas están unidos por el sexo y el amor romántico, no se pueden establecer jerarquías sociales basadas en el poder masculino, como sucede con los bonobos. Entonces, la igualdad de género ocurre de forma natural.


Por tanto, el poliamor eliminaría de un plumazo la desigualdad de género, la violencia contra las mujeres y la violencia entre hombres. La culpa de todo la tuvo la Revolución Agrícola, que fue el Pecado Original que dio origen al Patriarcado con todos sus desagradables consecuencias de violencia, desigualdad de género, guerras y celos.


Mis conclusiones

Estoy de acuerdo con que la práctica generalizada del poliamor nos llevaría a esta sociedad utópica.


Mis dudas conciernen a que esto sea el estado natural de la especie humana. Creo que la evidencia indica que las sociedades tribales antes de la Revolución Agrícola eran más violentas y tenían menos igualdad de género que las sociedades civilizadas. Que practicaran o no la promiscuidad sexual es una cuestión aparte.


Hay mucho que desconocemos sobre las sociedades primitivas de antes de la Revolución Agrícola. Dados los escasos restos que dejaron, quizás nunca sepamos cómo eran realmente. Ya no quedan tribus no contactadas de cazadores-recolectores, y con ellas ha desaparecido nuestras esperanzas de saber cómo éramos en el pasado lejano. Solo recientemente hemos empezado a darnos cuenta de lo importante que es dejar intactas sus culturas, en lugar de intentar convertirlas al cristianismo y a nuestra otra religión dominante: el consumismo y la industrialización.


Otras fuentes de conocimiento sobre la naturaleza humana son los grandes simios, pero la investigación sobre ellos está siendo restringida por los activistas de los derechos de los animales.


Quizás nuestra mejor opción para responder a estas preguntas es la investigación en neurociencia comparando el cerebro humano con el cerebro de mamíferos monógamos y no-monógamos.


En resumen, éstas son mis conclusiones:

  1. La cooperación es la característica básica de la especie humana. Lo hacemos mejor que cualquier otro animal gracias al lenguaje, que es capaz de transmitir una gran cantidad de información no solo en el presente sino a través del tiempo.

  2. Sin embargo, también somos violentos. La cooperación no elimina automáticamente la violencia. De hecho, se nos da muy bien cooperar para la violencia y la guerra. Los humanos primitivos eran más violentos de que los de ahora. La civilización y el progreso moral fueron factores clave para disminuir la violencia a lo largo de la historia.

  3. La igualdad de género es un logro moderno. Como las sociedades primitivas eran violentas y guerreaban con frecuencia, esto habría establecido estructuras de poder en las que los hombres dominaban a las mujeres.

  4. No creo que seamos naturalmente monógamos. Tenemos una gran flexibilidad en nuestra capacidad de tener relaciones sexuales y establecer vínculos afectivos, que son determinados en gran medida por la cultura en la que vivimos.

  5. Una de las características más notables de la especie humana es que el sexo ha evolucionado desde una función meramente reproductiva para convertirse en la base de los lazos sociales. Esto explica algunas características misteriosas de la sexualidad humana: la ovulación oculta, la disponibilidad continua de las mujeres para el sexo, la prevalencia del sexo homosexual, la dominación y sumisión sexual, los orgasmos y la menopausia.

La evidencia indica que el Mito del Noble Salvaje no es verdad.


Tenemos una curiosa tendencia a creer que el pasado fue una época dorada en la que todo era mejor, cuando en realidad es lo contrario: vivimos en el mejor momento posible de la Historia, en términos de falta de violencia, riqueza, disminución de la pobreza, libertad sexual e igualdad de género.


Quizás el poliamor es uno más de estos logros modernos y no un regreso a un tipo de relación inscrito en nuestra naturaleza biológica. En cualquier caso, está claro que la monogamia, la exclusividad sexual y los celos no están escritos en nuestros genes, sino en normas culturales que se pueden cambiar. No hay nada en nuestra naturaleza que nos impida hacerlo y convertirlo en el modelo de relación del futuro.


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