¿Qué se hace en una relación de Dominación/sumisión?


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Hay mucho escrito sobre las diferentes técnicas que se usan en el sadomasoquismo y el bondage, pero se ha puesto mucho menos esfuerzo en sistematizar la dinámica de las relaciones de Dominación/sumisión (D/s).


En este artículo me voy a referir al Dominante como hombre y a la sumisa como mujer, dejando en claro que lo que digo puede aplicarse a cualquier posible combinación de roles y géneros. También debo aclarar que todo esto se refiere a relaciones de larga duración, no a lo que pasa durante una sesión asilada.


Al hablar de D/s, hay que darse cuenta de que se trata de relaciones en las que conscientemente se elige desviarse de los principios que guían a una relación vainilla:

  • igualdad

  • autonomía personal

  • independencia

  • respeto

Aunque estos valores siguen estando presentes, adquieren una forma distinta por el hecho de que la sumisa le otorga una gran cantidad de poder al Dominante, lo que establece una desigualdad básica en la relación. Desde luego, la sumisa pierde una buena parte de su autonomía personal.


El uso del castigo, el dolor y la humillación puede dar la impresión a los mal informados de que la relación es abusiva. Sin embargo, todo esto ocurre dentro de los parámetros de “seguro, sensato y consentido”. En particular nos debe preocupar la sensatez, ya que este tipo de relaciones pueden degenerar fácilmente en el abuso psicológico (véase Cómo reconocer el maltrato en las relaciones de D/s). En particular, deberemos prestar especial atención a cosas que puedan dañar la autoestima o que puedan crear dependencia.


Mi propuesta es que una relación de D/s incluye los siguientes siete elementos: obediencia, entrega, servicio, disciplina, castigo, actitud y follada mental.


1 - Obediencia

Obediencia es, simplemente, cumplir las órdenes del Dominante. Ésta es la parte más obvia de la relación D/s: uno manda y el otro obedece.


Un buen Dominante escoge cuidadosamente las órdenes que da, teniendo en consideración las necesidades de la sumisa y el nivel de desarrollo de la relación. Hay que tener en cuenta que la sumisa es un adulto que vive una vida compleja, con lo que una orden mal pensada puede afectar negativamente su vida. Por otro lado, si la sumisa encuentra que no puede seguir una orden, que debe discutirla o usar la palabra de seguridad para evitarla, su confianza en la Dominante se verá minada.


Una buena estrategia es delimitar las órdenes a un área de la vida de la sumisa que quedaría bajo el control de la Dominante. La más obvia es su sexualidad. Es mejor no tocar la vida profesional de la sumisa y las relaciones que tenga con amigas y parientes… Recordemos que el manipular el entorno social de la sumisa es uno de los signos de abuso emocional. Por supuesto, no se debe ordenar nunca nada ilegal o inmoral. No hay nada más despreciable que un Dominante que usa su sumisa para hacer daño a otros.


2 - Entrega

Entrega significa que la sumisa debe abrirse física y mentalmente al Dominante. Éste puede empezar por afirmar su derecho a tocar íntimamente a la sumisa cuando quiera y donde quiera: sus manos, su nariz, su culo, su coño. El cuerpo de la sumisa está a su disposición para disfrutarlo y para estimularlo con placer o con dolor, a su discreción.


Esta entrega física debe venir acompañada de una apertura mental en la que la sumisa lo hace partícipe de sus fantasías secretas, de sus miedos, de sus deseos. De nuevo, el sexo puede ser un buen punto de partida, pero esto se puede extender a otras partes de su vida. Por su parte, el Dominante debe abstenerse en lo posible de juzgarla, porque hacer que la sumisa se sienta culpable o avergonzada traicionaría su confianza en él. Ella se ha hecho vulnerable al revelar sus secretos y si descubre que se usan contra ella, su reacción natural será volver a erigir sus barreras defensivas.


La entrega definitiva tiene lugar durante el sexo. Aquí debemos abandonar los escrúpulos del sexo vainilla. A la sumisa no se le hace el amor. Se la folla, con todas las connotaciones de subyugación y humillación que conlleva esa palabra. Puede que se la posea rudamente por detrás, negándole la visión del rostro del Dominante. Puede que se la ate en posturas expuestas y humillantes en las que no pueda negarle el acceso al Dominante o moverse para buscar su propio placer. Puede que se la obligue a ver su propia degradación en un espejo. Puede que ella disfrute de la follada o puede que la deteste, o las dos cosas a la vez, según se lo imponga el Dominante. Y, por supuesto, sólo podrá correrse con su permiso.


3 - Servicio

Servicio quiere decir que la sumisa trabaja para agradar y satisfacer los deseos del Dominante.


Mientras que la entrega es pasiva, el servicio es activo.


El servicio va más allá de la mera obediencia, porque una buena sumisa se esfuerza en anticipar los deseos del Dominante. Por su parte, él debe de tener cuidado de no inhibir su creatividad al ser demasiado controlador. Por supuesto, en la medida de lo posible, la sumisa debe pedir permiso antes de realizar un servicio. El tener a una sumisa bien entrenada en actos de servicio le permitirá al Dominante relajarse y disfrutar de la relación sin tener que estar pendiente todo el tiempo de decidir lo que hacer a continuación.


4 - Disciplina

La disciplina incluye una serie de ejercicios en los que el Dominante afirma su control sobre la mente y el cuerpo de la sumisa.


La manera más evidente de hacer esto en una sesión sería llevar al sumisa por varios niveles de placer y dolor hasta volverla completamente maleable a su voluntad. En la disciplina es donde la D/s se mezcla con el sadomasoquismo.


Tanto el dolor como el placer tienen la propiedad de la saliencia - que consiste en imponerse a la consciencia, obligándonos a prestarles atención. Por ese motivo, le proporcionan a la Dominante la manera perfecta de invadir la mente de la sumisa.


De todas formas, la disciplina va mucho más lejos que el placer y el dolor. Se extiende más allá de una simple sesión. El Dominante le dará a la sumisa una serie de tareas para realizar fuera de su presencia con el fin de entrenarla. Éstas pueden incluir, por ejemplo, ejercicios Kegel, llevar un butt plug, ejercicios físicos, asignaciones de lectura, horario de acostarse y levantarse, modificaciones en la dieta, escribir un diario, etc. Una forma de disciplina que se les impone con frecuencia a los sumisos es el control de la erección y de la eyaculación.


Aunque algunas formas de disciplina pueden ser desagradables, no se imponen como castigo sino como entrenamiento.


5 - Castigo

Los castigos son necesarios porque la sumisa tiene que enfrentarse con las consecuencias de cometer errores en la relación o en su vida en general. El Dominante puede limitarse a regañarle, puede imponerle un castigo doloroso, o puede asignarle una tarea desagradable.


El tema de los castigos es delicado porque vivimos en una sociedad tremendamente punitiva que nos expone desde la infancia a la culpa y la vergüenza que conllevan la desobediencia y el fracaso. Por lo tanto, el significado del castigo debe de ser establecido cuidadosamente desde el principio de la relación, enfatizando sus propiedades catárticas y curativas. Con la ayuda del Dominante, la sumisa puede sacar a la superficie la culpa y la vergüenza asociadas no sólo a su mal comportamiento reciente, sino a errores de su pasado. El dolor y la humillación del castigo erosionan esas emociones negativas, y purifican el ego.


Para que este proceso sea verdaderamente curativo, es esencial que el castigo termine con un buen cuidado posterior en el que el perdón del Dominante sirva para conseguir que la sumisa se perdone a sí misma. Toda mala acción ha sido pagada y es relegada al pasado, y la sumisa puede avanzar en su vida purificada y libre de culpa. Ha aceptado su debilidad. Ha experimentado el poder que le ha otorgado al Dominante sobre ella. Con ello se ha vuelto más fuerte como persona y mejor como sumisa. Paradójicamente, al entregarse al Dominante ha conseguido liberarse de sus demonios internos.


6 - Actitud

El tener una actitud adecuada significa que la sumisa aprende a desenvolverse y comportarse de una forma que expresa un estado mental de sumisión.


Como cada pareja de Dominante y sumisa entiende la D/s de una manera distinta, no todas las sumisas desarrollan la misma actitud. Algunas sumisas son mansas y serviles, mientras que otras son orgullosas y rebeldes. Un tipo de sumisa baja la mirada ante su Dominante, camina detrás de él y habla sólo cuando se le pregunta. Otro tipo levanta el mentón con orgullo, reta al Dominante, le mira a los ojos con desafío y dice lo que le parece. Entre estos extremos cabe todo un rango de actitudes, todas igualmente válidas, ya que representan diferentes estilos de entrega, servicio y disciplina. El Dominante decidirá qué comportamientos son aceptables cuáles no, de acuerdo con la naturaleza de la relación.


La actitud apropiada sale de la personalidad de la sumisa y es pulida por el entrenamiento, hasta producir una desenvoltura y una elegancia que transmite a quien sabe apreciarla la profundidad y la belleza de la relación.


7 - Follada mental

En inglés se le llama mind-fucking, un término que no tiene traducción exacta al castellano. Viene de la expresión “don’t fuck with me”, que significa “no me jodas” o “no me vaciles”. Aquí he optado por una traducción literal como “follada mental”.


Consiste en juegos psicológicos que el Dominante juega con la sumisa para llevarla a un estado de derrota y entrega. No hace falta que sea nada complicado, el vacilar o bromear con la sumisa puede ser una forma de follada mental. Sin embargo, en sus formas más elaboradas puede servir para llevarla a un profundo espacio de sumisión, que representa la culminación de su entrenamiento en los otros seis métodos de sumisión.


La follada mental requiere una enorme creatividad por parte del Dominante. Es aquí donde muestra su auténtico talento, porque no hay recetas para la follada mental, necesita ser elaborada a la medida de la personalidad de la sumisa, de su estado mental en cada preciso momento.


Una buena estrategia puede ser el encontrar sus puntos de resistencia, sus conflictos internos, y hacerla que enfrentarse a ellos. Para lograrlo el Dominante deberá darle a la sumisa su completa atención, concentrándose completamente en leer sus emociones usando la empatía. Sin embargo, sin la colaboración de la sumisa este proceso estará abocado al fracaso, porque la follada mental no es algo que la Dominante le hace al sumisa sino algo que crean entre los dos. Aunque el Dominante tenga mucho talento no le será posible follar mentalmente a la sumisa si ella no se le entrega o si no tiene la disciplina suficiente para seguirlo en el proceso.


Una forma de follada mental es el dilema: hacer elegir a la sumisa entre dos opciones desagradables.


Como la follada mental saca a la superficie resistencias, conflictos internos y problemas sin resolver, puede entrañar el auto-descubrimiento, un paso en un proceso de auto-transformación.


Conclusión

El desarrollar estos métodos de sumisión requiere tiempo y esfuerzo. El Dominante debe ganarse la confianza de la sumisa y guiarla a través de los pasos necesarios. Una relación D/s debe entenderse como un proceso de entrenamiento, que si se hace bien traerá alegría y satisfacción a los dos participantes.


Como pasa a menudo en la vida, lo que importa es el camino y no el destino. Porque, de hecho, puede ser que no haya ninguna meta que alcanzar.

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